Ayuntamientos 2.0

Historia de la llegada de la Virgen a Brieva y su posterior marcha 46 años después

[Extracto del libro "Historia de la Real Abadía de Nuestra Señora de Valvanera" por Alejandro Pérez Alonso (Instituto de Estudios Riojanos) relativo a la llegada a Brieva de la imagen de la Virgen de Valvanera y a su posterior salida 46 años después]

La Imagen de Valvanera llevada al pueblo de Brieva. Agitación en La Rioja por este motivo

La Virgen de Valvanera.

A la nota triste del capítulo precedente sobre la Exclaustración definitiva, debemos añadir, a fuer de imparciales, otra de sabor no menos amargo: Los hombres ayudaban a los elementos en despojar el Santuario de lo poco que le quedaba. Las campanas, tejas y aún magníficos sillares fueron objeto de la codicia de algunos, excesivamente aprovechados.

Aunque los inmuebles y los objetos destinados al culto quedaron a disposición de la Autoridad Eclesiástica Diocesana, ésta no podía controlar fácilmente un monasterio tan retirado como es el de Valvanera, donde no habitaba permanentemente guardián alguno.

El Obispo de Calahorra comisionó al Vicario eclesiástico del partido de Nájera, D. Domingo Aransay, párroco que era de Estollo, para que recogiera y custodiase los bienes de Valvanera; pero, a pesar de estas providencias, en la primera visita que hizo al Monasterio el Rdo. D. Manuel Esteche, cura de Tobía y encargado inmediato del mismo, vióse obligado a comunicar a su arcipreste que la mano poco escrupulosa del hombre, ayudaba al tiempo en su acción demoledora; que eran frecuentes los robos de las pocas alhajas que conservaba el Santuario y que, cuantas veces se tapiaban las puertas, otras tantas las echaban por tierra los ladrones y pastores del contorno. (1)

En vista de esto, el Sr. Arcipreste dirigióse al Gobernador Eclesiástico (Sede vacante) exponiéndole lo que ocurría, instándole a que la autoridad civil interviniese para evitar la total ruina del Monasterio; pero el ineficaz resultado se desprende de la terminante medida tomada por el Arcipreste de trasladar cuanto antes la Sagrada Imagen a algún pueblo vecino, y, de este modo, evitar la profanación y, tal vez, destrucción por algún incendio o las lluvias.

Varios fueron los pueblos que entonces se disputaron la posesión de la Imagen, entre los cuales pareció más indicado el de Anguiano en cuyo territorio está enclavado el Monasterio. Así lo entendió el Sr. Gobernador Civil, D. Pedro de Zarandia, quien instó al alcalde de esta villa para que oficialmente pidiera esa gracia, pero éste no debió recibir con entusiasmo la oportunidad ofrecida en cuanto los vecinos de Brieva solicitaron después del mismo Sr. Gobernador el permiso para trasladarla a su pueblo, y al serles concedido y corroborado por la Junta de Enajenación de Conventos con el oportuno Decreto, rápidamente pusieron en ejecución la orden de la autoridad civil, comisionando a varias personas para que, sin pérdida de tiempo, llevaran de Valvanera la venerada Imagen.

Así se efectuó, y la Virgen de Valvanera hizo su entrada en el pueblo de Brieva el 18 de diciembre de 1839.

Obsérvese que la única autoridad competente al caso, era la eclesiástica por tratarse de un asunto religioso y por pertenecer entonces Valvanera a la Mitra; así que, de haber procedido regularmente los de Brieva, seguramente no hubieran obtenido sus devotas pretensiones porque aunque es verdad que de este pueblo era el sacerdote Domingo, uno de los inventores de la Sagrada Imagen, Brieva pertenecía a otra diócesis que el Santuario, y por otra parte, había pueblos que presentaban tantas o mayores razones para poseer tan rico tesoro.

Al enterarse el Gobernador Eclesiástico de los hechos, sólo pudo conseguir de los de Brieva un inventario de todos los objetos que, juntamente con la Imagen, se llevaron. (2). Ciertamente que el móvil principal que impulsó a estos buenos serranos fue el religioso, pero su manera de proceder creó un ambiente desfavorable en toda La Rioja, la cual abrigaba ya pocas esperanzas de sacar la Virgen de Brieva, pueblo que contaba con algunos hijos ilustres en Madrid quienes apoyaban a sus paisanos ante los Ministerios.

Monasterio de Valvanera.

Las romerías siguieron visitando a la Patrona en dicha villa, si bien no en el número y entusiasmo de antes. El derruido monasterio les absorbía la atención y llenaba el corazón de pena, de tal manera que algunos, a su regreso del rincón breviense, subían a Valvanera tan siguiera a rezar una Salve sobre las ruinas donde oraron sus padres. Pero si Valvanera ofrece dificultades de acceso a los peregrinos, el viaje a Brieva imponía mayores sacrificios a gran parte de los pueblos más asiduos en visitar a la Virgen, cuales son los enclavados en los valles de S. Millán y de Cañas y otros circunvecinos; por lo cual, amén de otros motivos, en 1846 renováronse las antiguas reclamaciones de trasladar la Imagen. En este año, varios pueblos firmaron una exposición solicitando el traslado de la Virgen a la villa de Anguiano, pero no se logró acuerdo alguno, quizás porque otros ayuntamientos no apoyaron tal petición.

En 1853 los concejos del valle de S. Millán elevaron al Diocesano que era, a la sazón, el Excmo. y Rvmo. D. Cipriano Juárez, otra solicitud para que la Virgen de Valvanera recibiese culto en S. Millán de la Cogolla. Además de la anuencia del Sr. Obispo, recabaron una Real Orden de 10 de agosto de dicho año por mediación del ilustre riojano Excmo. Sr. D. Pablo Gobantes, Ministro de Gracia y Justicia, quien autorizó el traslado solicitado.

Puestos de acuerdo los prelados de Calahorra y Burgos, para cumplir esta Real Orden, dirigióse a Brieva una comisión de 30 ó 40 hombres, presidida por el párroco de Azofra: D. Nicolás Caro a quien acompañaban otros sacerdotes. D. Nicolás, después de mostrar los debidos documentos, rogó entregaran la Imagen sin resistencia alguna; pero el párroco de Brieva contestó que aún no había recibido orden, a este respecto, de su arzobispo y que el pueblo tampoco se hallaba dispuesto a entregar la Virgen. Ante tan inesperada respuesta, no tuvieron los comisionados otro remedio que marchar, sin lograr el intento, quedando igualmente desilusionados los numerosos devotos que esperaban en el camino para saludar a la Madre. Bien conocían los de Brieva la fuerza del real mandato que les presentaron y los inconvenientes que les produciría su incumplimiento, por eso no rechazaron de plano la proposición, sino que, pidiendo diez días de tregua, prometieron al cabo de ellos (3) entregar la Imagen. Pero no estuvieron parados, sino que cumpliendo el refrán «a Dios rogando y con el mazo dando», hicieron una solemne novena diciendo a la Virgen «recordara lo que el Pueblo había hecho por Ella», avisando, entretanto, a varios compaisanos residentes en Madrid con el fin de que trabajaran el asunto a su favor. Permitió la Providencia que las gestiones del Sr. Bayo, hijo de Brieva y opulento banquero de aquella capital, surtieran efecto, consiguiendo derogar la mencionada Real Orden, precisamente cuando el Excmo. Sr. Gobantes dejaba de ser Ministro, hecho que ocurrió días después de haberse negado el párroco y pueblo a entregar la Soberana Imagen.

Y no sólo obtuvieron la derogación de la Ley, sino que el día convenido con la comisión del valle de S. Millán, los de Brieva presentaron una comunicación oficial en virtud de la cual y con el regio placet también, se ordenaba suspender la traslación acordada. Más aún, temiendo nuevos y enojosos debates, Brieva se puso al habla con los demás pueblos de la serranía circunvecina quienes acudieron a Madrid pidiendo se reconociera el derecho del «actual poseedor» de la Virgen de Valvanera.

El resultado fue otra real Orden publicada en la Gaceta del 20 de enero de 1854 en estos términos:

«Informada S. M. de la ferviente devoción, solemne culto y religioso entusiasmo con que la Santa Efigie de la Virgen de Valvanera es reverenciada en el pueblo de Brieva y los comarcanos; tomando en consideración que ninguno alega hasta el presente mejores títulos a su posesión; atendiendo a que el primitivo templo en que se veneraba, ha sido derruido y suprimida la comunidad religiosa que pudiera llamarse su propietaria, se ha servido resolver no se haga por ahora novedad en la localidad en que es venerada la Sacra Imagen sin que la determinación perjudique a los derechos de dominio que en lo sucesivo pueda hacer valer cualquiera persona, corporación o autoridad...........».

Esta orden fue comunicada a los Prelados de las respectivas diócesis, quedando así las cosas hasta la Restauración del Monasterio.

Hoy, después de tantos años, al considerar con espíritu sereno estas travesuras inventadas por el amor que sabe representar a veces epopeyas en escenario de comedia, nos admira el alma infantil de aquellos ingenuos serranos guardando en su seno a la Virgen como a una Niña raptada al impulso de su fe, y vigilando constantemente a La Rioja que buscaba ardientemente una brecha, un momento de descuido, para arrebatar el Tesoro que, decía, era suyo y muy suyo porque sus hijos lo encontraron.

He aquí algunas estrofas de la canción entonada por los de Brieva cuando los del valle de S. Millán intentaban llevarse la Bendita Imagen: (4)

                    «Día de tu Expectación
                    A este templo bien vestida
                    Entraste muy agradecida
                    Con tu pueblo en procesión.

                    Dios en la Sierra quiso
                    De un injerto soberano,
                    Que lleve un árbol serrano
                    Más fruto que el Paraíso.

                    Reina del Cielo y la tierra,
                    De un árbol dicen con fe
                    Que saliste de su pie
                    Para coronar la Sierra.

                    Eres SERRANA muy bella,
                    Tan amante de tu cuna,
                    Que quisiste ser desnuda (5)
                    Que salir antes de ella.

                    Querer ahora desterrarte
                    Siete leguas de camino (6)
                    Con objeto de alabarte,
                    No parece lo más digno.

                    Tanto dolor y amargura
                    Causará fatal partida,
                    Que de sentimiento herida
                    Será la piedra más dura.»

Dije que el método empleado por los vecinos de Brieva al llevar a su parroquia la Imagen de Valvanera no fue regular ni prudente; no obstante, haciendo honor a la verdad y a la justicia, hay que reconocer la loable diligencia que mostraron al recogerla en su abandonado Santuario, en el cual, de haber permanecido más tiempo, quizás hubieran ocurrido otras y mayores contingencias de las cuales todos hubieran sido culpables.

En prueba de agradecimiento a este rasgo y para perpetuar su memoria, la Comunidad de Valvanera dedicó en 1935 a la villa de Brieva una lápida con esta inscripción:

18 DIC. 1839 - 22 DIC. 1885
12 AGOSTO 1935

BRIEVA CONSERVÓ DURANTE 46 AÑOS CON RELIGIOSA VENERACIÓN EL RICO TESORO DE LA SAGRADA IMAGEN DE MARÍA DE VALVANERA.

LA RIOJA Y PP. BENEDICTINOS DEL HISTÓRICO SANTUARIO DE SU NOMBRE, EN EL CINCUENTENARIO DEL RETORNO A SU TRONO SECULAR DE LA VENERADA EFIGIE, RINDEN A ESTA NOBLE VILLA EL MERECIDO TRIBUTO DE GRATITUD CONSIGNADO, PARA PERPETUA MEMORIA, EN ESTA LAPIDA. (7)

La Virgen regresa a su trono secular

La Virgen de Valvanera [Imagen: La Rioja Monumental, de Diario La Rioja].

l eje histórico y el alma de la vida en Valvanera fue siempre el culto a María; por eso, cuando en 1883 volvieron los monjes y se encontraron con una casa vacía porque en ella no estaba su Imagen, las primeras gestiones que realizaron fueron encaminadas a su traslado definitivo desde la villa de Brieva donde recibió culto por espacio de cuarenta y seis años.

Ya vimos anteriormente la obstinación de este pueblo ante las repetidas instancias de otras localidades que deseaban custodiar la milenaria Imagen.

Sus negativas podrán, tal vez, tener justificación antes de posesionarse los monjes del Santuario pues, al fin de cuentas, si los de Brieva fueron los primeros en recogerla después de la Exclaustración, por esto mismo les asistía cierto derecho en conservarla mientras continuara el monasterio deshabitado. Mas, habiendo vuelto los Benedictinos, cesaban todas las razones en pro de cualquier otra persona o entidad.

La Real Orden de 1854, expedida a favor de la predicha villa, basábase precisamente en el Considerando 2º: «atendiendo a que el primitivo templo en que se veneraba, ha sido derruido y suprimida la Comunidad religiosa que pudiera llamarse su propietaria»; por tanto, restaurado y habitado el Monasterio por sus tradicionales guardianes, caían por su base los pretendidos derechos de los vecinos de Brieva. Sin embargo, cuando aquellos reanudaron las gestiones para verificar el traslado de la Imagen, los brevienses permanecieron tercos en sus negativas, no obstante la intervención directa de las autoridades eclesiásticas de Burgos y Calahorra a favor de Valvanera.

He aquí como se expresó el Sr. Arzobispo de Burgos, Excmo. y Rvmo. D. Saturnino Fernández de Castro en carta del 16 de julio de 1885 y dirigida al párroco de Brieva, D. Felipe Mendiguren:
«Repetidas veces he manifestado a Vd. cuál es mi voluntad en este asunto. Creo, por lo tanto, que inmediatamente debe Vd. poner a disposición del referido P. Superior todas las imágenes y objetos que hubieren pertenecido al Santuario de Nuestra Señora de Valvanera».

El Sr. Párroco al leer a sus feligreses las letras del Arzobispo, continuaron tan ciegos, que el Prelado vióse obligado a prohibir que, sin permiso especial suyo, se descorriese la cortina que ocultaba la Imagen de Valvanera a la vista de los fieles.

Juntamente con el Oficio arzobispal, D. Felipe Mendiguren envió a Valvanera la siguiente carta:
«Rdo. P. Superior de Valvanera: Ratificándome en lo que a Vd. prometí en mi última, y en conformidad con la voluntad del Sr. Arzobispo, debo manifestarle que, de mi parte, aquí está todo a disposición de V. Trabájese todo lo que se pueda con el pueblo para convencerle u obligarle, cosas que a mí no me son posibles.

Brieva 23 de julio de 1885».

Ante la incomprensión y terquedad de un pueblo, ¿qué remedio seguir?; ¿acudir a la fuerza? Su empleo inmediato lo aconsejaron varios, pero tratábase de un asunto eminentemente religioso; por esta razón, los monjes usaron de toda la suavidad que su prudencia les sugería antes que las circunstancias se agravaran.

No hubo, sin embargo, más remedio que acudir a la autoridad civil; y habiéndose apelado al Gobierno de S. M., el Ministro de Gracia y Justicia expidió el 23 de noviembre del mismo año 1885, una Real Orden por la que se dispuso el traslado solicitado. (8)
Recibida esta comunicación oficial por la Comunidad, púsose en conocimiento del alcalde de Brieva quien comisionó a varios para que se presentaran en Valvanera y celebrasen con el P. Superior una entrevista sobre el caso. Así sucedió; y, el día 27 del mismo mes, después de acceder los monjes a ciertas peticiones de carácter honorífico, los comisionados prometieron en el Monasterio que las Hijas de María y todo el vecindario saliesen acompañando a la Stma. Virgen hasta las afueras del pueblo, y algunos, hasta el Santuario, fijándose para tal acontecimiento el 1 de diciembre.

Tan bien iban las cosas, que se acordó, además, el que dos PP. Benedictinos fuesen el día 30 a dormir en Brieva con el fin de celebrar al día siguiente una Misa solemne y, acto seguido, trasladar en procesión la venerada Imagen. Pero, he aquí que a los monjes, al llegar en la fecha convenida, se les anuncia de improviso por el párroco y algunos vecinos, que se ofrecían dificultades para llevar a cabo el suspirado traslado, pero que abrigaban esperanzas en vencerlas.

Los monjes presentáronse en el Ayuntamiento de la villa, exhibiendo al Sr. Alcalde la Real Orden. Mientras tanto, mujeres y niños azuzados por grupos rebeldes, se agolpan ante la Casa Consistorial pidiendo al alcalde se negara a entregar la Imagen porque la Orden gubernamental no había sido comunicada por el Gobernador Civil y que, aunque esto se realizara, se alzaban contra el Consejo de Estado, entendiendo que tal asunto competía a los Tribunales.
Ante esta inesperada situación, los PP. Benedictinos no tuvieron otro remedio que regresar al monasterio, costándoles mucho calmar a la numerosa concurrencia que aguardaba impaciente en el "Hospital" de Anguiano y en Valvanera.

Se acudió a la Autoridad Civil para que pusiera en ejecución la Real Orden; y el Gobernador interino y Presidente de la Diputación de la provincia de Logroño, D. Nicanor de Rivas, comisionó, a tal efecto, al Oficial 1º del Gobierno Civil, D. Honorato Morenza, quien a la una de la tarde del 22 de diciembre llegaba a Brieva, acompañado del infatigable P. Mauro Planas y de otras personas (9). No obstante la ausencia del Párroco, y escuchar de aquellos buenos al par que traviesos serranos la noticia de que las llaves de la Iglesia no aparecían (razón de su lógica agotada), dieron por terminado este ciclo de enojosas reyertas.

A las cinco de la tarde de aquel feliz día 22 de diciembre de 1885, hízose entrega de la venerada y meritísima Imagen de Ntra. Sra. de Valvanera, cubriéndola para su traslado largo y dificultoso con una manta de Palencia- y acomodándola en una mula. Serrana es Ella y dispuso obrar a lo serrano.

En tan sublime rapto, debían proceder también ellos con cautela; por eso, cuando la bajaban, «iban cantándola bajito» como si temieran perder de nuevo a su amada Señora. (10)

En el mesón denominado «HospitaI», distante 5 kms. del Santuario, fue saludada con indescriptible júbilo y entusiasmo por unas trescientas personas que de varios pueblos salieron a esperarla, arrostrando los crueles rigores del tiempo y las fatigas del viaje.
Colocada la sagrada imagen sobre una mesa y descubierto el rostro, todos de rodillas y como preparación para el solemne ascenso por la montaña de Valvanera, entonaron una Salve con esos acentos que la piedad y la alegría saben arrancar al alma popular en momentos tan sublimes.

Cuadro magnífico y enternecedor en verdad; pero para admirar en sus colores propios toda la poesía, la fe vibrante y el bizarro heroísmo que, en aquella noche memorable de un invierno en serranía, conmovieron de júbilo al «Vallis Venarum», justo es que describamos el austero marco donde la Señora aparece escalando su empinado coto privativo en brazos camperos, cansados de aplaudirla, y a la luz de las antorchas.

Serrana, repetimos, es la Virgen de Valvanera y serrano el ceremonial improvisado por aquellos corazones que no entendían de otras rúbricas que los impulsos de su amor. No es esto una romería de esas que nos figuramos sobre un fondo estival, saturada de idilios retozones y almibarados; ésta de Valvanera fue una romería, si queréis, ardiente en idilios amorosos, pero con tonos vibrantes y bizarros de epopeya.

Las sombras de la noche se habían precipitado sobre la montaña de la Virgen y, como era invierno, la nieve coronaba las crestas, deslizándose por sus gigantescos bustos y laderas cual manto caudal de una claustrada. El silencio imperaba por doquier porque la naturaleza, aterida de frío, dormía día y noche, callando hasta los torrentes, amordazados por el hielo. Sólo se oía el silbido de un viento huracanado que asaetaba al humillado ramaje como queriendo despertarle ante la presencia de la Reina de la selva. El cárabo aprovechaba, impaciente, los intervalos para lanzar sus lúgubres acentos. Pero aquella noche no era triste: el fondo del vallejo era un río de alegría, de piedad y de luces. La Santísima Virgen de Valvanera subía majestuosa su sagrada montaña de la cual fue llevada el 18 de diciembre de 1839 por otros hijos buenos. Subía lentamente como Soberana que, alejados los temores, vuelve a ocupar su trono, segura de quienes la conducen en triunfo.

Notas

(1) Archiv. de Valv., legajo «Papeles varios sobre la Exclaustración».

(2) Entre ellos, figuraban y aún se conservan en la sacristía de Brieva dos bajorelieves que representan la conversión de Nuño y la Aparición de la Virgen respectivamente, más un Santo Cristo que hoy veneran en la ermita de la Soledad y que antiguamente recibió culto en la ermita de Valvanera llamada «del Santo Cristo».

(3) El 16 de octubre.

(4) Son un mal remedo del antiguo poemita valvaneriano VIRGEN QUE EN EL ROBLE ESTAIS,
El pueblo de Brieva está enclavado en un alto y abrupto lugar en la ramificación de los Montes Distercios, a la derecha del Najerilla; y por considerarse con toda propiedad serranos, ved cómo recalcan las palabras SIERRA y SERRANA.

(5) Hace alusión al desamparo y soledad en que quedó la Virgen cuando la Exclaustración, a pesar de lo cual, ella permaneció así hasta que otros serranos como Ella, fueron a recogerla.

(6) A S. Millán de la Cogolla.

(7) Se halla colocado en el altar mayor de aquella parroquia, lado del Evangelio.

(8) Distinguiéronse en estas gestiones los PP. Cámara, (obispo de Salamanca) y Minguella, Comisario entonces de los Agustinos Recoletos. Asimismo D. Domingo Ureta Lerena, abogado del Colegio de Madrid.

(9) He aquí algunos personajes que fueron a Brieva a traer la Virgen. De S. Mi-llán: Antonio Lorenzo, Jacinto Lorenzo, Tiburcio Lejárraga, Segundo Lerena, Ramiro Lerena, Calixto Lejárraga. De Torrecilla sobre Alesanco: Mauricio Hernando, Fernando Martínez, Antero castro y Aquilino Martínez.

(10) De una carta de D. Calixto Lejárraga, testigo de los hechos. («Ecos de Valvanera», número extraordinario, págs. 59 y 60. Año 1935).

Gobierno de La Rioja | Agencia del Conocimiento y la Tecnolog�a Agencia del Conocimiento y la TecnologíaGobierno de La Rioja

Gobierno de La Rioja

Valid XHTML 1.1 �CSS V�lido! TAW. Nivel A. WCAG 1.0 WAI